Un refugio para la animación experimental
El cine de animación experimental sólo ha podido
hallar cobijo en nuestro país en los ambientes de los cineastas
amateurs e independientes, no así entre
el mundo de la animación profesional. No obstante, podemos encontrar
rasgos o pinceladas de experimentalismo entre la obra de diferentes y escasos
realizadores profesionales que citaré, pero que por su misma
excepcionalidad no pueden ser en rigor incluidos en este capítulo,
porque al igual que algunos
amateurs e independientes sólo
una pequeña parte de su obra puede tildarse de experimental.
Segundo de Chomón
(1871-1929)
Al igual que David Curtis en su obra,13 cita como precedentes
del experimentalismo
avant la lettre a Emile Cohl i Georges
Méliès, se pude incluir en este mismo precedente pre-experimental
a la figura máxima del cine de animación español: Segundo
de Chomón.
Además de experimentar-crear en muchas de las
técnicas, después habituales del cine de animación, tales
como la pixilación o animación de personas, animación de
objetos, animación de muñecos, primeros trucajes con maquetas y
efectos especiales, así como papeles recortados o sombras animadas, fue
también un realizador polifacético, tanto en la gran variedad de
técnicas usadas como en géneros: films de animación,
infantiles, históricos, documentales e incluso adaptaciones de
zarzuelas.
Pero la obra de Chomón, cuya parte más interesante la
realizó en Francia e Italia, quedó como una obra solitaria,
exótica y excepcional de un realizador que no creó escuela, y no
ha habido después entre los realizadores de animación
españoles ninguna figura comparable a la de Chomón en cuanto a
todo su rico polifacetismo, exceptuando, y salvando las distancias, a Rodolfo
Pastor, que cito más adelante.
Es imprescindible citar aquí el mejor estudio dedicado a
él: la monumental obra de Joan-Gabriel Tharrats:
Los 500 films de Segundo de Chomón14.
Francesc Macian
(1929-1976)
En la filmografía de este gran realizador catalán
destacó sobre todo el largometraje de dibujos animados
El mago de los sueños (1963-1966), y el
proyecto no realizado, del que sólo se llegó a hacer un trayler,
el largo
Candelita; también un corto argumental,
La Biblia; diferentes secuencias de
animación en largometrajes de imagen real, donde aplicó el
sistema por él inventado del M-Tecnofantasy, y una multitud de
incontables films y
spots publicitarios, tanto para el
país como para el extranjero.
La huella experimental en el cine de Macian es escaso, y en todo
caso lo podemos encontrar en los fragmentos de los tres largometrajes donde
aplicó el M-Tecnofantasy:
Sympathy (1967-1968), para Movierecord;
¡Dame un poco de amooor! (1968), de
José María Forqué, y
Memoria (1974), el único film de imagen
real de Macian, que anteriormente había llevado el título de
Las bestias no se miran en el espejo.
De este sistema patentado por Macian, él mismo
escribió y editó un libreto15, en el que describe esta
técnica que puede ser el antecesor de la animación por ordenador,
en la que utilizaba no obstante una técnica clásica, la del
«rotoscopio», inventada ya por Max Fleischer y que se aplica
principalmente en la animación de la figura humana.
En la introducción de este libreto, Macian dice:
«Fueron muchos años de prácticas e investigación en
el dibujo hasta lograr una mayor identificación en las técnicas
del cine de animación, culminados por la compleja realización que
requiere la confección del largometraje en la especialidad del dibujo
animado. De esta doble vertiente experimentada,
artístico-técnica, surge el principio orientativo y consecuente
de un nuevo concepto, en el que la técnica sea una simple
mecánica ofrecida por la Tecnología y lo artístico ostente
potestad exclusiva de su Espíritu creador (...). No habrán de
pasar muchos años para que a cualquier dibujo o imagen gráfica
estática sin distinción de estilo se le pueda infundir movimiento
sin necesidad de recurrir a procedimientos artesanos limitados, como los
empleados por las técnicas de la animación
cinematográfica».
Otro indicio experimental de Macian fue el que aplicó al film
publicitario para una marca de bebidas que se tituló
Áureo musical (1955), con la
particularidad de que la banda sonora en 35 mm estaba dibujada totalmente en
forma de botellas; estos recipientes, en originales que he podido ver, muestran
cómo las dimensiones, los grosores, las proporciones y desproporciones
se traducían en diferentes sonidos, que a su vez tenían
relación con la imagen de cada fotograma. Sin duda, Macian quiso
experimentar personalmente con una de las técnicas más puramente
experimentales, que los films de McLaren se encargaron de divulgar.
Por otra parte, Macian ha sido uno de los escasos realizadores de
animación aficionados a escribir y a formar un cuerpo teórico,
pero que debido a su prematura muerte, a los 46 años de edad,
está por ver aún si entre sus papeles dejó algún
texto sobre el tema experimental o el interés que intuyó tuvo
sobre el particular. Su texto más interesante sobre la historia del cine
de animación lo publicó en la enciclopedia de Buru Lan
Ediciones16.
Antes de continuar haré un inciso aclaratorio sobre este
tema.
El funcionamiento y las leyes que imponen el mercado a los estudios
de animación occidentales, a excepción del caso canadiense, con
la Office National du Film, con sus respectivos estudios -institucionales-
francés e inglés, no permiten la existencia de la
«aventura» del film experimental, excepto de la que emprenda un
animador por su cuenta y riesgo.
Las cosas funcionan de la siguiente manera: La productora, la
televisión o la agencia de publicidad encarga un capítulo de una
serie, una serie entera (normalmente de 13 episodios), un
spot o una serie de films publicitarios
al estudio de animación. Cabe decir aquí que en España se
ha usado abrumadoramente y casi exclusivamente la técnica de los
tradicionales dibujos animados, que es la que permite por sus
características un trabajo. Se han marginado así técnicas
tan valiosas como las de animación de muñecos, objetos, papeles
recortados y otras.
Pero la mayor parte de las veces, los prototipos de los personajes,
el estilo del dibujo, los fondos o paisajes, la clase de animación y los
guiones literarios y técnicos vienen ya dados, no en todos los casos,
pero sí en la mayoría. Por tanto, en el estudio de los dibujantes
y animadores y demás especialistas creativos se han de adaptar por
completo al estilo predeterminado, que puede corresponder al dibujante de
historietas o al ilustrador.
Así las cosas, como se puede adivinar, pocos resquicios
creativos y experimentales le quedan al animador y al realizador, por lo que no
pueden aplicar su estilo ni mucho menos su pensamiento o ideología. Por
tanto, nuestros animadores, aunque lleven una carrera profesional de
años, apenas han podido realizar una obra «personal» que
podría tener también la cualidad de «experimental» en
algún caso.
Roben E. Balser
(1927)
Este es el caso de Roben Balser, fundador del estudio Pegbar en
Barcelona, norteamericano, pero residente en nuestro país desde 1962,
que con una larga filmografía que empezó en 1956, apenas cuenta
con esa obra «personal». Tan sólo en su primera etapa
española realizó dos cortos y varios films publicitarios que
podrían ser catalogados en parte y por algunos conceptos como
«experimentales».
En estos films Balser pudo emplear su estilo de dibujo, que se
emparienta con la más renovadora corriente del cómic o historieta
contemporánea, estilo informal de personajes sin acabados relamidos y de
gesto espontaneísta, que en su época rompió moldes en el
conservador panorama imperante.
Los dos cortos argumentales fueron
Sombrero (1964) y
Germane (1967), así como los films
publicitarios
Triunfo (1969), para la desaparecida revista
del mismo nombre, y
Manos llenas (1969).
Sombrero, un corto de 8 minutos, el más
conocido de ellos, fue producido en colaboración con Estudios Moro de
Madrid y Barcelona. Utilizó, como a lo largo de toda su obra, la
técnica del dibujo animado, y en él se emite el mensaje de la
individualidad enfrentada a la conformidad.
El Certamen de Bilbao editó en 1985 un opúsculo17 sobre este realizador con motivo de una
retrospectiva que se le dedicó.
Rodolfo Pastor (1940)
Este realizador argentino, que colabora habitualmente con su esposa
Petra Steinmeyer en sus estudios de Barcelona, aun no teniendo tampoco una obra
que se pueda calificar íntegramente como «experimental»,
sí que se despega claramente de todos los demás estudios y
realizadores por hacer servir toda clase de técnicas del cine de
animación: muñecos, plastilina, papeles recortados, objetos,
pixilación y otras, lo que me ha dado pie para emparentarlo con el
denominador común del polifacetismo de Segundo de Chomón, sin que
esto signifique una comparación entre ambos.
El propio Pastor se explica en una entrevista en la que habla de su
más importante obra, la serie
Langostino, seis capítulos de 30 minutos
para televisión18: «(...) Me gusta experimentar con todo intentando
darle animación. Cualquier cosa, ya sea la ropa, un cabello, un
cenicero, etc., me resulta fácil para darle vida animada». Y fue
precisamente esa búsqueda lo que le hizo experimentar con la escultura
de arcilla, luego con el yeso hasta llegar a la plastilina.
«Creo que de no haber elegido este camino habría sido
escultor. Me es más fácil que dibujar», señala, y
agrega que uno de sus trabajos que más le ha gustado ha sido el del
quinto episodio de
Langostino. «Trabajé con una
bailarina desnuda, toda recubierta con plastilina, simulando un muñeco;
con una escultura de esa bailarina en arcilla, de tamaño natural; con
una muñeca de tamaño pequeño y con un muñequito de
plastilina. Iniciaba un movimiento la bailarina, luego se sumergía en el
agua, se derretía o quedaba estática, sin que nunca se notara
cuándo utilizábamos a la bailarina, a la escultura o al
muñequito de plastilina. Fue un gran trabajo».
Para acabar, cabe destacar el nombre de
José Jorna (1951), animador profesional,
notable por su dedicación a la animación con volúmenes:
muñecos, maquetismo y también efectos especiales, aunque
también con escasa obra personal; su mejor trabajo es el corto
La naturaleza olvidada (1986-1987), de dibujos
animados y maquetas.
También merece mencionarse
Josep Maria Vallés (1947), un caso
insólito de dibujante de cómics que ha realizado él mismo
sus propios films de dibujos animados, ya que normalmente los dibujantes de
historietas dan sus dibujos para que otros los animen. El hecho de incluirlo en
este apartado es por lo renovador de su estilo, que se adscribe al estilo
feísta, desmitificador y en parte
underground, que al agruparse con otros
dibujantes de su generación fructificó en los momentos
culminantes de la revistas que marcaron historia, como
El Papus y
Por Favor, en plena transición
democrática, así como por el hecho de que su obra ha sido
realizada en 35 mm y estrenada comercialmente. Entre los ocho cortos que tengo
catalogados entre 1974 y 1985 citaré
Zero i mig partit pel mig (1978) y
Desarticulada otra secta (1985).